Según mis investigaciones la Historia que nos han contado no tiene nada que ver con la realidad. Cualquier parecido es pura coincidencia.
Vivimos en un mundo al
revés donde el malo se hace pasar por bueno y echa la culpa de todos los males
del mundo a pobres inocentes que son únicamente “chivos expiatorios”. De esta
manera los oscuros se salen siempre con la suya.
Esto viene a cuento de
la leyenda negra de los pobres españoles en América; un cuento chino y de los
grandes.
Nos han engañado como
estúpidos que somos. Los fundamentos de nuestra sociedad moderna son la
mentira, la estafa y el engaño. La mentira es un arma política, creada para
fabricar gente estúpida que no se cuestione nada.
“La mentira es la
primera de todas las fuerzas que dirige el mundo” dijo Jean François Ravel en
su libro, El conocimiento inútil.
Para entender la
historia real nos tenemos que situar en el siglo XVIII; es cuando supongo que
hubo la gran brecha social y humana. Es la època del Diluvio Universal.
Y lo del Diluvio no es
una metáfora bíblica, sino que sucedió realmente y lo podéis leer incluso por
internet. El “Diluvio sueco” fue una sucesión de guerras en Polonia que, según
la historiografía oficial, comenzaron en 1655 y acabaron con la “paz de Oliva”
en 1660. Hay que tener en cuenta que en el siglo XVII Polonia no era como la
conocemos ahora; sus fronteras eran muy diferentes.
Además según la
historia oficial hubo muchas guerras en el siglo XVII: Guerra de los treinta
años, que enfrentó el imperio de los Habsburgo, Dinamarca, Suecia y Francia; la
guerra polaco-turca; la guerra ruso-turca; la guerra de los nueve años,
conflicto que tuvo lugar entre Europa y América del Norte y la guerra
franco-neerlandesa. Es decir, un gran diluvio de guerras en Europa.
La historiografía
oficial nos habla de guerras europeas, pero no nos dice nada de África y Asia.
Aquí tenemos un gran agujero negro.
El caso es que después
de estas luchas europeas, por el tratado de Utrech, los poderes centroeuropeos empezaron
la construcción del Nuevo Mundo (la Matrix actual), que no fue sólo en América
sino en todo el planeta.
Madrid, la Matriz, fue
el comienzo. Aquí se instaló Felipe d’Anjou con su corte francesa. Su propósito
era el de hacerse dueño y Señor de toda la Península Iberica. Pero no vino solo
sino de la mano del Vaticano, con la misión de someter a la población Íbera
mediante la religión cristiana católica impuesta por el Papa de Roma. Como ya
he dicho anteriormente, el Papa es el Sumo Pontífice del Sacro Imperio Romano
desde el inicio de los tiempos.
En 1725 se firma el
Tratado de Viena por el cual Europa pacta repartirse medio mundo. En este
contexto se funda la Orden de la Compañía de Jesús en 1725 y en Barcelona, según
Andreu Marfull, autor del libro “La Via Cronológica”. Esta Orden pasaría a ser
el brazo armado del Papa de Roma y esto no es una metáfora ya que esta compañía
es una orden militar.
Con la ayuda de los
jesuitas, el Sacro Imperio Romano colonizaría la Península Ibérica y
posteriormente América.
Pero como aprendí en
la película de Superman, El hombre de acero, “Toda nueva civilización se
construye sobre las ruinas de otra”. Así fue que los poderes oscuros europeos tuvieron
que aniquilar todo resto de la civilización anterior y por ello a sus
habitantes.
La Satanísima
Inquisición hizo un buen trabajo en la Península Ibérica, obligando a sus
habitantes a comulgar, con ruedas de molino, con el catolicismo romano. Y al
que no comulgó, al hoyo lo envió.
Mataron a la población
íbera autóctona, pocos debieron de quedar.
En el siglo XVIII la
población íbera debía ser mayoritariamente de piel oscura y religión hebrea. Según
dice Orlando Figues en su libro, Los Europeos, hasta el siglo XIX la Península
Iberica era considerada parte de Oriente. Y si miramos actualmente la población
española podemos ver que no hay personas autóctonas de piel negra. Está muy
claro que los satánicos jesuitas hicieron una buena exterminación, a la que
siguió una colonización con centroeuropeos, francos y eslavos.
El mismo proceso
siguió en la creación de la Nueva España en América.
Desde la Matriz, el
ejército del Papa pasó a continuar su labor en América, creando las misiones
que se distribuirían por todo el continente americano. También aquí tuvieron
que aniquilar todo resto de antigüedad, seres humanos incluidos.
España no se creó
hasta el siglo XIX, así que de ningún modo los españoles pudieron conquistar
América. Además hasta el siglo XVIII en La Península Ibérica se hablaba hebreo,
así que es prácticamente imposible que los íberos exportaran el idioma español
a América.
El idioma español es
un constructo creado por los jesuitas en el siglo XVIII para imponerlo a los
habitantes de lo que posteriormente sería España. Este idioma sería enseñado en
las misiones americanas con la idea de construir La Nueva España y utilizaron a
los españoles como cabeza de turco para atribuirles las maldades por ellos
realizadas.
No señores
historiadores, no, el Nuevo Mundo no es lo que nos habéis contado.
Y, ¡el Mundo Antiguo y
la Edad Media tampoco!