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lunes, 13 de julio de 2015

Las armas de Elangelito



Las armas que utiliza este satánico personaje son las mismas que tiene la mafiosa organización macaquil y que pone a disposición de todos sus miserables adeptos.

La primera es la mentira.

Manejando la mentira a su antojo consiguen, y han conseguido desde el inicio de los tiempos, doblegar a la humanidad a su capricho.
Todos sabemos que mienten como bellacos y que su vida entera está basada en la falsedad y el engaño. Pero, como buenos troleros que son, se las han apañado siempre para hacernos creer que ellos tienen la razón.
Bueno, a decir verdad, siempre ha habido gente que ha reaccionado ante sus mentiras, pero éstos siempre han recibido su merecido; es decir palos y cárcel.
Total, que la gente corriente hace lo que cree que más le conviene: actuar como si se creyera sus mentiras y callar.
De esta manera los macacos pueden mentir a destajo con la seguridad de que siempre saldrán indemnes.
Y así el satánico Elangelito ha cargado de mentiras mi segundo expediente, convencido de que el miserable juez Blanco le concederá total y absoluta credibilidad.

Por eso se atreve a decir sin ningún problema, ni remordimiento, que yo desde hace muchos años he mostrado de manera reiterada una notoria falta de incumplimiento de mis funciones, incumplimiento injustificado del horario o jornada de trabajo y nula integración en el equipo de Análisis objetivada por los impedimentos manifestados en la realización de cursos de formación.

Esto lo plasma en las acusaciones, a pesar de que hay un escrito enviado a la Dirección del hospital en el que el Capitán dice textualmente: “Entrando en el contenido de la solicitud tengo que decir que los facultativos de este servicio cumplen el horario laboral establecido, adaptándose a las necesidades del servicio”.

Y encima dice que no he realizado cursos de formación, cuando desde que él está en el hospital no se ha convocado ninguno y anteriormente los hice todos.

¡Elangelito sabe que su palabra es la verdad, por ordeno y mando!

La segunda es el poder.

Gracias a sus mentiras y engaños se han hecho poderosos y se han autoproclamado los reyes del mundo.

Un poder que les permite poner leyes y normas que ellos son los primeros en no cumplir.
Más de un macaco prepotente se ha atrevido a decir sin tapujos, y delante de un público que le ríe la gracia: “¿Para qué están las leyes? Pues para violarlas, como las mujeres”.
Pero claro, entendiendo que eso sólo lo pueden hacer los poderosos macacos.


Un poder que les permite engañar, estafar, arruinar, machacar y torturar a la gente honesta.

Un poder que ha desembocado en la crisis social y económica que actualmente tenemos.

¡El poder es la ley!

La tercera es la justicia.

Por el mismo poder que se han otorgado los macacos a sí mismos, también se han hecho justicieros del mundo.

El sistema judicial depende totalmente de los macacos, de ahí que el juez Blanco esté a su merced.
Su Ilustrísima Señoría no siente ninguna necesidad de averiguar la verdad, porque sabe que la verdad tiene que concedérsela a Elangelito.

¡El poder es la justicia!

La cuarta es el espionaje.

Un arma muy importante para saber de qué se queja la gente y poder oprimirla por donde más le duele.

Actualmente, gracias a la informática, es muy fácil espiar a la gente en el trabajo.
De hecho, la ley permite a los Jefes, y por tanto al Capitán, espiar a los trabajadores que están a su cargo.

El Capitán puede poner medios audiovisuales para controlar continuamente lo que hacemos todos los trabajadores del servicio.
El Capitán puede, y lo ha hecho, entrar en mi terminal de trabajo y acceder a todos los documentos por mí guardados.
El Capitán no puede directamente, pero sí los macacos como administradores del servicio que son, acceder y controlar el correo electrónico del trabajo.

Todo lo anterior es legal por orden macaquil.

Pero lo que no es legal, y es lo que ha hecho varias veces el Capitán, es entrar en mi terminal e intentar descubrir mi clave de acceso, supongo que para boicotear mi trabajo  después.

¡Donde hay poder hay espionaje!

La quinta son las alianzas.

Por egoísmo la gente pierde la honestidad y se alían con los macacos que tienen poder.
Los poderosos lo tienen muy fácil porque gran parte de la población es egoísta, nada solidaria con el que sufre, y son capaces de hacer cualquier cosa con tal de sacar tajada.
La ambición de los poderosos, que se han erigido en controladores de nuestras vidas, invoca a la ambición y egocentrismo de la gente corriente y genera estrategias de sometimiento deleznables y eficaces.
Todos aquellos que son tentados con las dádivas de los macacos se convierten en fieles representantes de sus intereses y de esta manera esperan su recompensa: las migajas que tengan a bien concederles sus amos en sus chanchullos inacabables.
Nadie que quiera estar en la rueda del sistema público puede rebelarse ante las injusticias y ni siquiera denunciarlas porque los macacos son los organizadores y promotores del sistema.
Es un sistema bien engranado que cae en cascada, en la cual cada nivel depende del superior y hace depender a los que están abajo. Así cada uno es servidor de su superior y dueño del que esta debajo.

En mi caso, dentro de esta línea de actuación se pueden incluir mis no-compañeros y los sindicalistas.
¿Quién puede tener mejores guardianes que aquellos que preservan con ferocidad sus propios intereses?

¡Nadie osa morder la mano de su amo!    

La sexta es la guerra.

Cuando alguien protesta y se rebela, los macacos despliegan toda la artillería.
Cuando se acumulan las injusticias la gente protesta, y entonces los macacos utilizan todas sus armas para intentar callarlos y doblegarlos a sus intereses.
Despliegan todo el terror a su alcance, pero adaptado a las circunstancias.

Lo que en mi caso hacen a través del mobbing, como bien sabéis.

El mobbing es una forma de terror sofisticada y adaptada a nuestra sociedad actual en la que no está bien visto dirimir los asuntos con armas de fuego, ni a guantazos.
El acoso persistente durante años, por parte de jefes y compañeros, provoca trastornos físicos y psíquicos severos a la persona objeto del mobbing.
Con este método, el acosado normalmente es inutilizado para siempre.
De esta manera la guerra habrá cumplido su objetivo, pues la primera función de un chivo expiatorio es que todos acepten la supremacía de poder del acosador.
 
¡El poder es opresión y tiranía!

Y la última y la más importante de todas es el miedo de la gente.

El gran miedo que provocan en la gente normal y corriente, que no se alía con ellos, es una consecuencia de las seis armas anteriores.
Pero esta es la más importante de todas porque el miedo nos mantiene callados ante las injusticias, y así los macacos pueden hacer y deshacer a su capricho.
Nadie quiere sufrir el maltrato en su propia carne, así que los que tienen miedo miran hacia otra parte, hacen que no ven y no saben nada, intentando que no les salpique y que el poder no se vuelva contra ellos.

¡El miedo es la gran fuerza del poder!     

Y, cuando se pone en manos de un macaco el arma intangible del poder, se le despiertan sus más bajas pasiones.

¡Miserables macacos!

lunes, 5 de abril de 2010

EN EL HOSPITAL

Aquí me encontré sin comerlo, ni beberlo y sin quererlo. Llegados a este punto os diré que soy especialista en Análisis Clínicos y que trabajo en un laboratorio.

El primer día que me encontré en el hospital le pregunté al jefe del Laboratorio que por qué tenía que estar allí. Encogiéndose de hombros me dijo que me querían allí y se quedó tan tranquilo.

Quería averiguar qué había sucedido para que me impusieran el cambio y decidí ir a preguntárselo al Director. Me dieron cita para hablar con él y me encontré con que no estaba en su despacho a la hora convenida. Esperé y esperé y después de una hora decidí que ya había esperado bastante. Supongo que en ese momento estaban reunidos el macaco Mortero, el Director y el jefe de laboratorio, partiéndose de risa. Ese fue el primer momento en que empecé a darme cuenta de que los macacos siempre dan la callada por respuesta a cualquier cuestión planteada por un trabajador, primate normal y corriente.

Desde ese primer momento, en que me encontré trabajando en el Hospital, empezaron las putadas. El primer día que tenía guardia desde que estaba allí, dejé mis cosas en la habitación que tenía asignada. Hacia el mediodía habían desaparecido los muebles y mis efectos personales, incluida la ropa de calle. Tuve que preguntar al jefe y me envió al Servicio de Lencería. Allí pude recuperar mi bolsa y mi ropa.

Esto era un preludio de todo lo que estaba por venir, aunque en ese momento yo no lo sabía. Ese día decidí que era mejor tomarme las cosas con filosofía y que de ese modo posiblemente pasaría todo y podría volver a trabajar con normalidad. No tenía ni idea de todo lo que me vendría encima.

Ya desde mi estancia en el hospital empezaron mis problemas físicos, paralelamente a mi estado de estrés y alteración mental. Lo primero que me apareció fue una rinitis insoportable y que me ha acompañado todo el tiempo. Esta rinitis se agrava con mi estado de nerviosismo, me tapa los oídos, me produce otitis y, lo peor de todo, hace que no pueda pararme de sonar en todo el día. Con lo cual, tengo a mi familia mareada, aunque al final ya se han acabado por acostumbrar.

Lo segundo, también en ese tiempo, fueron unas abundantes pérdidas de sangre que me produjeron una anemia galopante. Era tal la anemia que yo iba todo el día con el ánimo por los suelos; pero a pesar de todo, lo que hice fue tomar hierro y seguir trabajando.