La entrada de hoy ha estado
inspirada por el anónimo de la entrada anterior. Gracias a todos los que dejan
comentarios.
Mi lema es: ¡Vive y deja
vivir!, pero se me revuelve el estómago cuando alguien martiriza a una persona
o a un animal. Así voy yo por la vida, sufriendo de mal de estómago e
inflamación intestinal.
En estos ocho años, que
llevo trabajando en el hospital, he visto muchas cosas y estoy muy cansada de
todo lo que he visto y oído. No entiendo como puede haber tanta gente malvada.
No entiendo como un lugar de trabajo puede funcionar con gente así.
Hace cuatro años el Jefe
del laboratorio acosó laboralmente a todo el personal que trabajaba conmigo. De
ese equipo, los contratados se marcharon, por suerte para ellos, a trabajar a
otros centros sanitarios. Las tres personas que estábamos fijas caímos
enfermas: una técnico y yo con ansiedad-depresión y otra técnico con
vasculitis. Al Jefe lo único que se le ocurrió es decir que había habido una
epidemia de bajas. ¡Qué gracioso!
La Sargento de Hierro es
una apisonadora selectiva: arrasa a su paso todo lo que le desagrada o molesta.
La he visto y oído tratar a técnicos, mujeres que no son de su cuerda, de
ignorantes y estúpidas, de tal manera que las deja con la sensación de que son
un trapo sucio. Las deja literalmente derrumbadas.
He visto a técnicos
mujeres, llorar porque alguno de mis no-compañeros masculinos ha descargado
toda su rabia y frustración sobre ellas cuando algo no funcionaba bien.
He visto a la Supervisora
fabricar bulos sobre alguien y después sus secuaces, técnicos y enfermeras,
hacerlos correr. El último que he oído es el de una enfermera del laboratorio
que dicen está liada con un analista incorporado el año pasado, que tiene una
edad cercana a la jubilación. Y todo porque el ejército de hierro quiere hacer
el vacío a este analista y que nadie hable con él. Su pecado, según ellos, es
ser viejo y estar desfasado. La realidad es que no se ha apuntado al acoso
sobre mí y no les sirve para nada.
He visto a la Supervisora
manipular los contratos de las técnicos y dar los mejores a las que les hacen
la pelota. De este modo se han ido quedando las que le han interesado al Jefe,
salvo alguna excepción que no ha podido controlar.
He oído a todos ellos
mofarse del analista mayor, cuando éste sale del despacho que comparten. He
oído a la Sargento de hierro decir que estaba harta de que este analista no
hubiera aprendido nada, en el tiempo que lleva trabajando en el laboratorio,
cuando entre todos hacen todo lo posible e imposible para que no se entere de
nada.
He oído a un facultativo
del laboratorio dar a una técnico la orden de que le dijera al analista mayor
que tenía prohibido hablar con ella. ¡Cómo si un hombre tuviera el derecho de
decirle a una mujer con quien debe o no debe hablar! Parece que esa gente se ha
quedado estancada en la edad media, cuando los hombres dictaban el comportamiento
y el pensamiento de las mujeres.
He visto muchas cosas y
estoy muy cansada. ¿Cómo puede alguien pensar que un laboratorio de hospital
pueda funcionar bien así?
Creo que este tipo de
comportamiento no se puede dejar pasar, y sí creo que al final se hará
justicia.
Dejo como final, una cita
que se atribuye a Albert Einstein.
“La vida es muy peligrosa
No por las personas que hacen
el mal
Si no por las que se sientan a ver lo que pasa”