A los sindicatos sólo les gusta chupar del bote. Todos, absolutamente todos, están totalmente vendidos a los macacos políticos. He llegado a la conclusión de que ningún trabajador honesto debería afiliarse a ningún sindicato. Yo, como muchos, caí en la trampa.
Podéis verlo en los foros del mobbing: muy pocas veces un sindicato ha ayudado a un trabajador en un caso de acoso laboral; aunque he de reconocer que sí se han dado algunos casos aislados. Muchas veces, delegados de base lo han intentado, pero casi siempre tienen que desistir pues el acoso se vuelve también contra ellos. Las esferas superiores del sindicato siempre frenan y se rebotan contra los que intentan ayudar al acosado. Esto parece una ley no escrita: en caso de problemas en una empresa, el sindicato siempre a favor de los jefes, aunque machaquen a uno o cientos de trabajores. Por más que se escriban leyes a favor de los trabajadores, nosotros no tenemos ningún derecho y nos pueden aplastar a capricho.
Si tenéis problemas en vuestra empresa (vosotros primates trabajadores que me leéis) no olvideis lo dicho anteriormente, así os evitareis más de un disgusto. Sobre todo no lo olvidéis si soportáis un acoso institucional como el mío. En las instituciones públicas es mucho peor y más salvaje, el acoso, a todos los niveles. Hacen una piña Gerencia, Dirección, Recursos Humanos, el Servicio de Salud Laboral y Sindicatos, que vuelve loco a cualquier trabajador acosado. Hacen reuniones maquiavélicas en las que se pasan el rato intrigando e intentando hallar la manera de incrementar todo el daño posible.
Yo, como ya he dicho, caí en la trampa: estoy afiliada a UGT. He de decir que la delegada social que me correspondía siempre me entendió y me consta que intentó ayudarme. Pero con los macacos nos topamos: después de mi caso, tuvo que dejar el puesto de delegada sindical.
lunes, 27 de septiembre de 2010
La Inutilidad Suprema de los Sindicatos
sábado, 18 de septiembre de 2010
En busca de la tranquilidad mental
Hoy vuelvo a la carga con la escritura, después de dos meses intentando olvidar todo para encontrar una paz mental que eliminara mis dolencias físicas. He encontrado paz y equilibrio mental, pero mis dolencias físicas no desaparecen. He hecho relajación y meditación y he digerido y asimilado mi sufrimiento, con lo cual he conseguido poner en orden mis ideas y tranquilizar la mente, pero mis problemas físicos no desaparecen. Ahora tengo claro que el subconsciente no olvida nunca. Puedes arrinconar los recuerdos y pensar conscientemente que los olvidas, pero los recuerdos viven permantemente en el subconsciente. Nunca te recuperas totalmente después de un estrés postraumático y hay que aprender a vivir con el recuerdo del sufrimiento. Y en eso estoy actualmente, así que sigo con mi terapia de la escritura.
En el momento que escribo ésto hay convocada, por los sindicatos, una huelga general para el 29 de septiembre. Ni que decir tiene que yo no la voy a hacer pero, bajo mi humilde opinión, creo que ningún trabajador honesto debería secundar la huelga. En mi caso nunca me ha ayudado ningún sindicato, en todo momento se han posicionado al lado de los jefes del hospital. Desde hace mucho tiempo sigo todo lo que se escribe en un foro del mobbing y he podido comprobar que son muy pocos los casos en que un sindicato ha ayudado al trabajador en un caso de acoso laboral.
Los sindicatos nacieron para ayudar a los trabajadores pero actualmente están dirigidos por macacos que sólo piensan en manipularnos, engañarnos y en hacerse una bonita foto en la prensa. Saben que con un día de huelga no cambiará nada y tampoco tienen ganas de que nada cambie: sólo quieren una bonita foto en los periódicos presumiendo del gran poder de convocatoria que tienen. Los sindicatos se han convertido en un sistema artrítico y anquilosado que no sirve para nada. Hemos de buscar sistemas de defensa más eficaces.
Hace un par de días recibí la decisión del juez al que presenté mi caso hace ya un año. El juez reconoce que en el lugar en el que trabajo hay un conflicto laboral y también reconoce que sufro estrés postraumático, pero aún así ha decidido archivar el caso. Según él me toca ajo y agua: a fastidiarse y aguantarse. Ni que decir tiene que he apelado.
Por el momento, sólo tengo la terapia de la escritura para paliar mis dolores. Así que aquí sigo y creo que seguiré por mucho tiempo.
sábado, 26 de junio de 2010
La Crisis Económica en el 2010
Veamos, como un ejemplo muy pequeño, lo que ha pasado en el hospital donde yo trabajo en sólo dos legislaturas que es desde el momento en que se hace cargo de Sanidad la macaca No-eh-no. Veámoslo desde mi modesto conocimiento de las cosas, pero seguro que han pasado muchas más de las que yo he percibido.
Hasta que llegó el equipo de la macaca No-eh-no, el hospital lo dirigía un solo macaco que hacía las funciones de Director y Gerente. Llegó el macaco Mortero y decidieron (supongo que todo el equipo) que el hospital necesitaba dos macacos: uno sería el Director y el otro el Gerente. El Director se haría cargo de toda la parte médica y el Gerente de la gestión.
Según radio macuto (así se llamaba en mi juventud a la transmisión de la información de boca en boca) cualquier macaco con un cargo de dirección o gerencia, desempeñado por lo menos seis meses, se queda con el sueldo vitalicio de Director/Gerente. Eso es así, aunque su trabajo posterior sea archivar historias clínicas.
Desde el 2004 hasta ahora, es decir seis años, han pasado por ese hospital tres Directores y tres Gerentes. De estos jefes, dos Gerentes han sido cesados y un Director dimitió poco después de los seis meses. Ésto significa que para un sólo cargo de hace seis años, en este tiempo hemos pagado, estamos pagando y seguiremos pagando (todos los primates de Aragón) a cinco macacos (por suerte un Director pasó a Gerente y nos ahorramos un sueldo): ¡Impresionante! ¿no?.
Ni que decir tiene que todos los macacos buscan la manera de aumentarse el sueldo en cuanto llegan al hospital. Siempre encuentran el modo de añadirse algún plús para asegurarse bien la jubilación.
Ya he dicho que los macacos son manipuladores y que nos engañan continuamente, pero en este caso el engaño es doble ya que los macacos son del PSOE (el partido socialista obrero español). Somos muchos los primates que en este país pensábamos que un partido socialista obrero sería bueno para los trabajadores y para la sociedad en general. Nos han engañado vilmente a todos.
domingo, 20 de junio de 2010
La crisis
Muy pronto cerraron el último laboratorio en el que yo había estado trabajando. El jefe se quejaba e iba diciendo por todos lados que en ese laboratorio había habido una crisis de bajas.
Por culpa del jefe y sus aliados, de golpe nos habían dado la baja laboral a tres trabajadoras al mismo tiempo: las tres únicas personas con plaza fija y que sabíamos cómo funcionaba ese laboratorio. El resto del personal eran técnicos con contrato laboral que llevaban poco tiempo trabajando alli.
El caso es que el jefe quería dar la vuelta a la tortilla: publicaba a los cuatro vientos que había habido crisis de bajas para que sus amigos nos vieran, a las trabajadoras del lugar, como culpables e irresponsables.
Primera regla del jefe Maquiavelo: el jefe siempre tiene razón y si algo va mal, la culpa, sin ninguna duda, es de los demás.
domingo, 13 de junio de 2010
La Macaquitis
Realmente tengo miedo a enfermar, incluso a morir. Lo de morir es más por mis hijos que por mí. Pero mi mayor preocupación sanitaria no es la gripe A, ni el exceso de colesterol en mis venas, que por suerte no tengo. Mi mayor temor es la macaquitis; con todo lo que he pasado y sufrido tengo una alergia exacerbada a los macacos. No puedo ni verlos en la tele.
Cuando veo algún político en la pantalla de la televisión, sea del partido que sea, veo directamente un macaco. Me es totalmente imposible ver una persona humana. Los veo a todos como macacos que nos están diciendo la gran mentira y los veo abriendo la boca y riéndose a carcajadas. Automáticamente, me sale una erupción rojiza por el cuello y el pecho, que me pica una barbaridad. Tampoco soporto los programas de cotilleo en los que gritan, o los de debate en los que acaban alzando mucho la voz y discutiendo acaloradamente. Razón por la cual, he dejado de ver la tele.
Tengo alergia a la macaca No-eh-no y a todo su equipo de macacos, que se han negado a ayudarme y que niegan que haya acoso laboral en mi lugar de trabajo. Sólo saben negar, negar y negar. Nunca solucionan nada.
Tengo alergia al macaco Director y al macaco Gerente que cada día que pasa me aprisionan un poco más, para ver si consiguen al final que me vaya.
También tengo alergia al jefe de laboratorio y a todos mis no-compañeros. Si actualmente me convoca a una reunión, no puedo resistirla mucho rato. Un día antes de la reunión ya me pongo en guardia: mis intestinos no paran de moverse agitadamente, produciéndome dolor, gases y diarrea. Mi rinitis se agrava, produciéndome mareos y a veces vértigo.
No siempre consigo controlarme y suavizar los síntomas. Las veces que lo he conseguido y me he presentado a la reunión, ésta siempre ha sido una pesadilla. Me paso todo el rato a la defensiva, intentando averiguar por dónde me van a atacar. Todas las reuniones que he soportado han sido para atacarme y obligarme a hacer algo que siempre ha sido injusto para mí. Así que me paso todo el rato ansiosa, inquieta, con el cuello y el pecho rojo, casi sin poder respirar y casi sin poder hablar.
El problema es que después de seis años pasándolo mal, no me podré curar nunca la macaquitis.
martes, 8 de junio de 2010
El final en la celda de castigo
Estos siete meses fueron un infierno.
En este tiempo ya se había acabado el nuevo laboratorio del hospital, se habían introducido máquinas nuevas y el jefe junto con la supervisora de enfermería y la coordinadora de calidad se creían y se creen los amos del laboratorio. Como ellos lo han montado y organizado, están convencidos de que el laboratorio les pertenece y estaban firmemente decididos a no dejarme entrar en el sistema.
Entonces pensaron que, además de todo lo que ya me habían hecho, sería una buena idea presionarme para que dejara de hacer guardias. En ese momento creyeron que eso me fastidiaría mucho.
El jefe había organizado un cursillo de tres días en el hospital, para aprender el funcionamiento de una máquina nueva de Urgencias y me llamó por teléfono para decirme que tenía que ir. El inconveniente era que no vendría nadie a sustituirme en mi trabajo. Es decir, por la mañana tendría que ir al hospital al cursillo y por la tarde al ambulatorio, donde yo trabajaba en ese momento, hasta que acabara todo el trabajo de la mañana. O sea, trabajo doble y sin compensación ni agradecimiento: me negué rotundamente. Me chilló como un energúmeno, diciéndome que era una protestona y que en vez de protestar tanto mejor sería que trabajara más. Esta es una razón más por la que odio el teléfono.
Consecuencia: me quitaron las guardias. Pero no lo hizo el jefe directamente sino que consiguió que me las quitara un Director Médico recién incorporado al hospital: el macaco Molino. Este macaco tiene un nombre muy adecuado pues me hace comulgar con ruedas de molino todo lo que el jefe me quiere imponer, por muy injusto que sea.
Por otra parte, el macaco Molino y el jefe se reunían con la supervisora de enfermería del ambulatorio donde yo trabajaba, para decidir la organización y el cierre del laboratorio. Es decir, me ningunearon continuamente: yo no contaba para nada.
Después de siete meses ya estaba harta de que el jefe y sus secuaces se divirtieran a mi costa y mi cuerpo ya no resistió más. Mi médico me dijo que el trabajo me estaba matando y me dio la baja.
jueves, 20 de mayo de 2010
En la celda de castigo
Cuando me incorporé, en mi cuarto lugar de trabajo, lo hice pensando que al menos respiraría tranquila un año. Estaba previsto que este laboratorio se cerrara al año siguiente, y suponía que el jefe me había enviado aquí para que me chupara todos los problemas del cierre. Pero, pensaba yo: al menos estaré un año bien. ¡Vana ilusión! Los problemas empezaron el mismo día y no pararon, y cada día que pasaba empeoraban.
Ya desde el primer día sospeché que me había enviado a una celda de castigo. Empecé a darme cuenta de que trabajo en una cárcel y estoy sometida a trabajos forzados. Desde entonces no me he podido librar de la cárcel. La cárcel será mi lugar de trabajo, para el resto de mi vida laboral.
Cuando llegué aquí puse en orden y al día todo el trabajo que el anterior no-compañero mío había dejado pendiente en este lugar. El jefe me llamó, ya el primer día, para decirme que yo había dejado trabajo pendiente en el hospital y que tenía que acabarlo. ¡Ésto ya era el colmo!, por lo visto quería que me dividiera en dos y trabajara en dos sitios a la vez.
Todo el tiempo, que trabajé aquí, fue un sin vivir: me llamaba cada dos por tres, por teléfono, gritándome y acusándome de que no cumplía con mi trabajo. Hacía que me llamara la secretaria del hospital, por teléfono, diciéndome que no había validado algún resultado y no se podía entregar. Acabé odiando el teléfono. Me daba unos sustos tremendos, el teléfono, cada vez que sonaba en el despacho del laboratorio.
Otra vez, el jefe, intentó demostrar que yo llegaba tarde a trabajar: tiene manía persecutoria con esto. Preguntó a todas las Técnicos que trabajaban conmigo: para ver si alguna le apoyaba. Como no consiguió que ninguna dijera una mentira, cogió manía a todas.
Con todo esto el jefe consiguió, pronto, enrarecer el ambiente de mi cuarto lugar de trabajo.