martes, 24 de mayo de 2011

¿Qué hacer?

Me gustaría dar unas líneas de guía para quien, como yo, sufra un mobbing institucional bestial. Es difícil, pues cada persona es un mundo y las circunstancias son diferentes para cada una. Pero hay algo que es igual para todos: contra los macacos no se puede hacer nada. Ellos nos pueden robar, nos pueden difamar y nos pueden martirizar, y nosotros no tenemos derecho a defendernos. La justicia está a su disposición para evitar que nos podamos defender.

Lo que voy a hacer aquí es resumir el proceso que yo he seguido para que os hagáis una idea de lo que cuesta: a todos los niveles, emocional y monetario.

Empecé el proceso legal en julio de 2009, hace casi 3 años. El sindicato no quiso hacerse cargo del caso y me dijeron que me buscara un abogado penalista, pues mi caso lo requería (según un abogado del sindicato).

En octubre del mismo año aceptó la querella el juez y poco después empezaron las declaraciones. El mismo día de mi declaración el juez le dijo a mi abogado que me tocaría pagar las costas del juicio; es decir, que desde el primer día ya sabíamos que lo archivaría. Al año siguiente lo archivó e hicimos la apelación. El mes pasado acabó todo, con el sobreseimiento del caso. En total, tres años de duración.

El gasto monetario ha sido de unos 6500 euros. Un gasto importante para no haber habido juicio y no haber conseguido nada.

Pero no me desanimo, aún puedo continuar: me queda el Contencioso Administrativo.

viernes, 13 de mayo de 2011

En este país no hay JUSTICIA

Hoy es un día negro para mí y por extensión para todos los trabajadores de este país.

En este país no hay JUSTICIA. Los macacos están infiltrados en todos los Organismos con poder de decisión sobre nosotros, humildes humanos trabajadores. Son unos cagados: tiran la piedra y esconden la mano y encima no nos dan la opción de podernos defender.

De todos los macacos, que tenemos que soportar, los socialistas son los peores, los más inútiles para la sociedad y los que más nos engañan. Por delante dicen una cosa y por detrás hacen todas las injusticias que les da la gana, con la seguridad, la desvergüenza y la tranquilidad de que nos pueden machacar y de que no nos podremos defender. Se están enriqueciendo a nuestra costa y nos están arruinando. Si no sacamos este país de sus garras, quedará hecho trizas y nos costará mucho recomponerlo.

Pensad muy bien sobre el tema, ante la proximidad de las elecciones. Recordad que somos un país señalado con un punto negro por la Comunidad Económica Europea y que no es en vano. Los macacos socialistas nos han desgraciado el país, hay que retirarlos del poder.

El Hospital donde yo trabajo es una mierda, funciona fatal y cada día que pasa va a peor. Los macacos lo han estropeado en unos pocos años; hasta hace poco más de una década funcionaba bastante bien. Ahora dudo que tenga remedio y menos mientras haya macacos dirigiendo ese hospital.

Me han sobreseído el caso, que puse en manos de la Justicia. Dicen que no se aprecian indicios de perpetración de delito. Se les tendría que caer la cara de vergüenza: no hay indicios, hay evidencias flagrantes y bien documentadas. No han querido que salgan a la luz.

En fin, parece que con los macacos no se puede hacer nada, pero ya veremos... Me han tocado, pero no me han hundido y yo sigo al pie del cañón.

Seguiré buscando medios de defensa y no pienso parar. Seguiré y seguiré, hasta que encuentre un medio que nos pueda ayudar a todos a estar mejor en esta sociedad.
Por cierto, acepto sugerencias.

sábado, 26 de febrero de 2011

El ingreso en el Laboratorio Perverso

Después de un tiempo sin escribir por motivos de salud y complicaciones del mobbing que vengo sufriendo, retomo el hilo de la historia en el punto en el que la había dejado.


El ingreso en el Laboratorio Perverso

En agosto de 2008, después de poco más de un mes de baja, me tuve que incorporar a trabajar en el Hospital. El laboratorio había cambiado mucho desde que me echaron, a finales del 2007.
El laboratorio era nuevo totalmente: hecho a gusto y capricho del Jefe. Se había proporcionado un despacho grande y para él solo, cosa que antes no tenía. Para los Bioquímicos había preparado un despacho con cuatro mesas, cuatro sillas y cuatro ordenadores. Contando que cuando yo llegué éramos cinco los analistas que teníamos que trabajar en Bioquímica y los cuatro puestos estaban ocupados, era muy evidente que no había sitio para mí. Yo me quedé sin mesa, sin silla y sin ordenador.

El recibimiento del Jefe del Laboratorio fue muy caluroso por su parte, éstas fueron sus palabras (la cara marcada por el desprecio):

Jefe: ¿Qué haces aquí?, no te esperaba. Tengo todas las plazas cubiertas con gente nueva. No te necesito.

Yo: Ya te comuniqué por correo (e-mail) que vendría hoy. Si quieres que no haga nada y me vaya a casa dímelo por escrito.

Jefe: Espérate por ahí que voy a reunir a los facultativos para consultarles dónde te pongo.

Sólo había 2 facultativos trabajando ese día y eran nuevos (incorporados unos meses antes). Después de media hora pululando por el laboratorio sin saber qué hacer volví al despacho del Jefe y éste, mirándome a la cara con el más absoluto de los desprecios, me dijo: ¿Todavía sigues aquí?. Y esta vez sí, nos reunimos en la Sala de Runiones los cuatro: el Jefe, los dos facultativos nuevos y yo. Entre los tres me asignaron una sección que la llaman ORINAS y que en ese tiempo era la más pesada, porque todo el trabajo del facultativo consistía en mirar al microscopio.

El Laboratorio también se había renovado en cuestión de personal gracias a los tejemanejes del Jefe y su brazo derecho (la Supervisora). De Técnicos de Laboratorio (TEL) sólo quedaban dos personas antiguas y con plaza fija. De cinco facultativos de Bioquímica con plaza fija, ese verano, sólo estábamos trabajando tres personas: El Jefe, su brazo izquierdo (Encargada de la Calidad) y yo. Dos facultativos estaban de baja y otro estaba en comisión de servicio en otro hospital: así que había tres personas contratadas trabajando en su lugar.

Desde el primer día que me incorporé a mi lugar de trabajo, sólo una persona me hablaba en la sección de Bioquímica: la TEL que trabajaba conmigo; el resto ni me saludaban. En el resto de las secciones del laboratorio, Hematología y Microbiología, pasaba otro tanto: sólo me hablaba una TEL, una enfermera y un facultativo de Hematología. Desde el primer momento, pude captar que el Jefe había extendido su odio por todo el laboratorio.
En lugar de incorporarme a un lugar de trabajo me había incorporado a un ejército, conducido con mano de hierro, cuya munición era el odio. Si hay en este mundo una emoción que se extiende más rápido que un reguero de pólvora, y que es tan perjudicial como ella, ésa es sin lugar a dudas el odio.

Desde ese momento supe que estaba en el punto de mira del "Ejército de Hierro" con el Jefe de Laboratorio como capitán, su brazo izquierdo (encargada de la Calidad) de sargento y su brazo derecho (Supervisora) de cabo.

martes, 9 de noviembre de 2010

La Incomprensión Médica

A mi médico (una mujer) no había manera de hacerle comprender qué le pasaba a mi cuerpo. Ella me insistía una y otra vez que yo tenía que aguantar y aguantar. Que en el trabajo se tenían que arreglar las cosas y que en Dirección tenían que solucionarlo todo: ¡Como si ellos no tuvieran la culpa! Yo le decía que, ¿Cómo lo iban a solucionar, si estaban encantados de hacerme la puñeta? Pero nada, no había manera de que entendiera qué me pasaba y no me quería dar la baja: decía que si me la daba después no querría volver a trabajar.

En mayo de 2008, cuando aún estaba en la Celda de Castigo, ya llevaba año y medio yendo cada dos por tres al médico. Primero fue por tensión alta y taquicardias: me envió a Cardiología y me recetaron un antibloqueante. Posteriormente por rinitis y mareos: me recetó un antihistamínico y un inhalador. Más tarde, por crisis de ansiedad y tensión alta (otra vez): me recetó un antidepresivo. Medicamentos y más medicamentos, así lo solucionan todo los médicos: sólo que a mí no me solucionaban nada. Al final, acabé en Salud Mental.

En la última etapa de la Celda de Castigo mi cabeza estaba hecha un lío; mis pensamientos eran repetitivos buscando una salida a mi problema, giraban y giraban en mi cabeza y no podía dormir. De la tensión mental que sufría se me contracturó la espalda y me costaba mantenerme derecha: era un sufrimiento diario tener que coger el coche e ir a trabajar.

A mi médico le costó mucho tiempo entenderlo, pero al final cuando yo ya no podía con mi alma reconoció que el trabajo me estaba matando y me dio la baja.

¡Por fin podía relajarme! Aunque me duró poco: sólo un mes. Mi médico seguía insistiendo que si lo alargaba más, yo no querría volver a trabajar.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La inutilidad suprema del Comité de Seguridad y Salud

Como ya os podéis imaginar por el título, el Comité de Seguridad y Salud que corresponde a mi lugar de trabajo no sirve para nada, y mucho menos para la prevención de riesgos laborales de los trabajadores.
El coordinador del Comité es el macaco Gerente del hospital y como podéis suponer es el que decide las acciones a tomar en su empresa: es decir, negarlo todo y no hacer nada.
En el Comité están representadas las siguientes Organizaciones Sindicales: UGT, CCO, CSI-CSIF, CEMSATSE y SAMSaP, que nunca llevan la contraria al macaco Gerente. También cuenta el Comité con un Técnico de Prevención de Riesgos Laborales que los asesora y que naturalmente está a cargo del macaco Gerente.

El Comité se reúne, por lo menos, una vez cada dos meses en el hospital, momento en el que, supongo, deben aprovechar para cotillear un poco y sobarse los unos a los otros, ya que no creo que hagan nada útil; sólo pasar el rato.

El artículo 10 de su reglamento se refiere a la confidencialidad y dice: " Según la Ley 31/1995 de PRL los miembros del Comité observarán sigilo profesional debido respecto de las informaciones a que tuviesen acceso". Pues bien, trataron mi caso de la manera más descarada e irrespetuosa posible.

El Comité delegó la solución del caso al macaco Gerente y éste vio su oportunidad para seguir riéndose de mí. Pasó la carta al Jefe del Laboratorio y éste la leyó a los Analistas del laboratorio y además se la pasó a su brazo derecho, la Supervisora, que la leyó a todo el personal Técnico de Laboratorio que estaba trabajando en ese momento.

Es decir que fue peor el remedio que la enfermedad, y ya os podéis imaginar el infierno que me esperaba a partir de entonces.

Un año y medio después recibí la resolución del Comité: en ese laboratorio no pasaba nada, no había acoso y funcionaba todo perfectamente. Se habían puesto de acuerdo todos los miembros del Comité: el macaco Gerente, los sindicatos y Salud Laboral.

¡Viva el Comité de Seguridad y Salud!

martes, 12 de octubre de 2010

Buscando ayuda

En esta entrada vuelvo a retomar el hilo de la historia del mobbing, aunque un poco antes del momento en que lo dejé. Vuelvo a los dos últimos meses que pasé en la celda de castigo, momento en que mi cabeza ya era un caos mental y decidí buscar ayuda.

Lo primero que hice fue afiliarme a UGT. Me pareció inútil afiliarme a cualquier sindicato médico ya que es muy patente que estos van totalmente de la mano de los macacos sanitarios. Además, tiene la ventaja de que la delegada sindical de UGT está ubicada en el hospital y se la puede localizar para cualquier consulta o problema.

Hablé con dos delegados de UGT, me dijeron que no hablarían con el Jefe del laboratorio pues habían tenido encuentros anteriores con él, lo conocían bien y sabían que es imposible hacerle entrar en razón. Así que me aconsejaron que dirigiera un escrito, comunicando mis problemas laborales y de salud, al Comité de Seguridad y Salud. Según los delegados, todos los problemas tratados en ese Comité son secretos y no salen fuera del grupo que lo forma.

En ese tiempo, tenía la espalda tan contracturada que me costaba mantenerme derecha, además tenía la tensión arterial alta, rinitis, mareos, dolor intestinal y ansiedad: así que lo segundo que hice fue dirigirme al servicio de Salud Laboral. Y también aquí me aconsejaron que me dirigiera al Comité de Seguridad y Salud. Estaban convencidos que el Comité me ayudaría y también me aseguraron que todo lo que se trata allí es secreto y muy secreto.

Y a eso me dediqué, a preparar una carta que explicara con cortesía mis problemas laborales y de salud; con la esperanza de que eso me ayudaría a encontrar la manera de recuperar la tranquilidad.

¡ Vana ilusión !. Para lo que me sirvió...

lunes, 27 de septiembre de 2010

La Inutilidad Suprema de los Sindicatos

A los sindicatos sólo les gusta chupar del bote. Todos, absolutamente todos, están totalmente vendidos a los macacos políticos. He llegado a la conclusión de que ningún trabajador honesto debería afiliarse a ningún sindicato. Yo, como muchos, caí en la trampa.

Podéis verlo en los foros del mobbing: muy pocas veces un sindicato ha ayudado a un trabajador en un caso de acoso laboral; aunque he de reconocer que sí se han dado algunos casos aislados. Muchas veces, delegados de base lo han intentado, pero casi siempre tienen que desistir pues el acoso se vuelve también contra ellos. Las esferas superiores del sindicato siempre frenan y se rebotan contra los que intentan ayudar al acosado. Esto parece una ley no escrita: en caso de problemas en una empresa, el sindicato siempre a favor de los jefes, aunque machaquen a uno o cientos de trabajores. Por más que se escriban leyes a favor de los trabajadores, nosotros no tenemos ningún derecho y nos pueden aplastar a capricho.

Si tenéis problemas en vuestra empresa (vosotros primates trabajadores que me leéis) no olvideis lo dicho anteriormente, así os evitareis más de un disgusto. Sobre todo no lo olvidéis si soportáis un acoso institucional como el mío. En las instituciones públicas es mucho peor y más salvaje, el acoso, a todos los niveles. Hacen una piña Gerencia, Dirección, Recursos Humanos, el Servicio de Salud Laboral y Sindicatos, que vuelve loco a cualquier trabajador acosado. Hacen reuniones maquiavélicas en las que se pasan el rato intrigando e intentando hallar la manera de incrementar todo el daño posible.

Yo, como ya he dicho, caí en la trampa: estoy afiliada a UGT. He de decir que la delegada social que me correspondía siempre me entendió y me consta que intentó ayudarme. Pero con los macacos nos topamos: después de mi caso, tuvo que dejar el puesto de delegada sindical.