Personaje imprescindible
para el Capitán. Él la puso en el cargo de Cabo y gracias a él sigue en el
cargo, a pesar de los cambios políticos y de todas las marranadas que ha hecho
a sus soldados no favoritos.
El Capitán no podría
hacer nada sin ella. Está total y enteramente a su servicio. Es una mujer y al
Capitán le encanta tener mujeres doblegadas a su capricho.
No tiene madera de
acosadora pero adora a su Capitán de manera ciega, y lo daría todo por él. Y
por otra parte, ¿qué haría su Capitán sin ella?
Y dicho sea de paso, le
encanta su trabajo. Tiene más de treinta soldados femeninas a su cargo; ha ido
eliminando las que no le gustaban al Capitán y se ha quedado con las que se
adaptaban bien a sus deseos.
Bueno, bien pensado, no
todas las soldados en activo le gustan al Capitán, pero sólo son un puñado que
se puede contar con los dedos de una mano. ¡Es una pena!, no ha podido deshacerse
de ellas, pero por otra parte, las tiene bien controladas. Así que, ¡no molestan
tanto!
Pero ya sabes como son
estas cosas del querer, nunca son para siempre y menos con un personaje sin
empatía. Todos somos objetos de usar y tirar, incluso tú. Y ya hay una
aspirante al puesto de Cabo, entre tus soldados, haciendo favores a tu adorado
Capitán.
¡Todo sea por él!, tenías
que encontrar la manera de hacerme la puñeta, y la encontraste.
¿Te acuerdas de aquella
vez que me acusaste de no ir al laboratorio, en una guardia, para cambiar la
aguja del aparato de Urgencias?
¡Oh! Aquella vez fuiste
muy aguda, porque me dejaste sin agujas de recambio, ya que eras tú la
encargada del suministro de material. Porque, ¿de dónde podría sacar yo la
aguja, en un domingo?
Y… ¿Te acuerdas de cuando
yo hacía guardias, cómo me controlabas a través de alguna de tus soldados? ¿Te
acuerdas de cómo hacías que me llamaran a casa, para ver si yo contestaba?
¡Qué útil e importante te
sentías entonces! ¡Cómo corrías a contarle al Capitán las cosas importantes
para él, que creías haber encontrado!
Y, además, entonces te
hacían participar, el Capitán y el Sargento, en las reuniones maquiavélicas
donde me poníais verde, maquinabais las guarradas que después me haríais y
coordinabais todas vuestras mentiras.
¡Eso sí que era grande! ¡Los
tres formando un equipo! ¡Qué orgullo para ti!
Pero la etapa más
importante fue, sin lugar a dudas, la del macaco Molino. Entonces sí que fue un
tiempo emocionante. Como el resto de la banda maquiavélica, te hiciste amiga de
él y tenías vía directa para ir a contarle las cosas que me implicaban a mí.
¡Qué rápido fuiste a él
cuándo en una de mis guardias te empeñaste en que me tenía que haber presentado
en el laboratorio! ¡Y era mentira! Pero, eso daba igual porque el miserable
macaco no entiende ni patata de las cosas del laboratorio.
Y, ¿te acuerdas de que
hiciste una fotocopia del libro de incidencias de la guardia de ese día? Pues
bien, para tu información y para que estés contenta y orgullosa de lo útil que
fuiste, te diré que sí, que esa fotocopia sale en mi expediente y que es uno de
los motivos de mi acusación.
Y ya para acabar, ¿qué he
de decir de lo importante y orgullosa que te debías de sentir el día de la
declaración ante el juez de lo penal?, y, ¿el día de la declaración ante la
Instructora de mi expediente? Pues nada original, más de lo mismo. Como la
Sargento, vomitaste todas las mentiras que habíais preparado en vuestras
reuniones maquiavélicas. ¡Todo el veneno fuera! ¡Eso sí, con mucha pasión!